El título del post no va con segundas. O sí. El caso es que han llegado hasta mí dos acontecimientos teatrales que tienen a ver con la ciencia. Y he pensado: ya tienes nueva entrada. Antes de hablar de las obras en sí, me gustaría decir que he visto pocas obras teatrales cuyo argumento esté centrado en la ciencia. Digamos que un par. Son pocas sí, pero muy satisfactorias. Pienso que el teatro tiene un gran potencial para sensibilizar y alfabetizar científicamente. Por sí mismo, el teatro es uno de los formatos artísticos que, para mí, más fuerza tiene, que consigue llegar más al público, impresionarlo más, colpire il cuore como bien dirían los italianos. Unos actores totalmente despojados de efectos disuasorios y artificiosos como los del cine, consiguen transmitir más emoción, más veracidad. Lo cual resulta perfecto para transmitir la realidad de la ciencia y de los científicos, y aún siendo teatro, despojarlos de las falácias y mitos que los envuelven. El teatro humaniza la ciencia, dispersa la niebla que, a pesar de ser cada vez menos densa, impide que la sociedad la aprecie tal y como es. Decía que habían llegado hasta mí varios acontecimientos teatrales relacionados con la ciencia. Uno de ellos es una adaptación de la obra Re:Design del dramaturgo estadounidense Creig Baxter, que se representará proximamente en Valencia bajo el título de Darwin (nombre con gan gancho, desde luego). Se trata de una dramatización de la correspondencia entre dos científicos: el archiconocido Charles Darwin y Asa Gray. Este último es tratado como el botánico americano más importante del siglo XIX y fue el introductor de las teorías darwinistas en los Estados Unidos de América. Por tanto, al tratarse de la relación epistolar entre dos científicos, cabe esperar de esta obra no sólo discusiones sobre la evolución, zoología o botánica, sino también sobre el trabajo como científico en un momento de profundos cambios de paradigma. Debió ser una época fascinante comparable con lo que supuso la publicación de la Teoría de la Relatividad de Einstein al principio del siglo XX o lo que supondrá la confirmación del hallazgo del Bosón de Higgs recientemente. Teorías que hacen que veamos el mundo de otra manera y logremos entenderlo mejor. Pero no sólo por eso debe resultar interesante la obra: las cartas son algo tan personal, que supongo que en la obra se podrá captar la verdadera personalidad de estos dos científicos, y tal y como decía al principio, humanizarlos y despejar la visión elitista de la gente que se dedica a la ciencia, ver que no son personajes excéntricos aislados del mundo, sino todo lo contrario, muy preocupados por todo lo que les rodea e influenciados por su estado de ánimo, por su família, sus amigos, por su día a día. La obra se pondrá representará en el teatro Flumen de València y está promovida por la Càtedra de Divulgació de la Ciència de la Universitat de València, institución que lleva a cabo una gran y variada labor divulgativa.
Otro de los eventos teatrales que han motivado este post es la lectura dramatizada de Copenhaguende Michael Frayn, que narra el encuentro entre los físicos Neils Bohr y Werner Heisenberg que tuvo lugar justamente en la capital danesa el año 1941. No hay documento ninguno que relate lo que en ese encuentro se habló, pero debió ser significativo porqué poco después los dos científicos que habían sido grandes amigos, dejaron de hablarse. Bohr, que era judío, huyó de Dinamarca al ser ocupada por los nazis y fue a parar a Los Alamos, donde el ejercito americano estaba desarrollando el proyecto Manhattan del que salió la bomba atómica. Por su parte, Heinsenberg estuvo a cargo del proyecto nazi para construir también la bomba atómica. Se representará el día 19 en el Campus de la Comunicació de la Universitat Pompeu Fabra. Yo tuve ocasión de verla cuando se representó, hace un par de años, en la sala petita del TNC. Fue un montaje acertadísimo y la obra está tan bien escrita y estructurada que me mantuvo enganchado hasta el final. La presencia de un tercer personaje, la esposa de Bohr, también es fundamental para entender los dilemas a los que se enfrenta su esposo y si revelarle sus descubrimientos a Heisenberg o no. Un thriller en toda regla que permite reflexionar sobre los problemas éticos de los descubrimientos científicos. ¿Es Bohr responsable de la fabricación de la bomba atómica? ¿Hasta dónde llega la culpa de la ciencia en los usos que se dan a sus avances? ¿Progreso significa peligro?
Hablando de lecturas dramatizadas, y para ya bajar el telón , tuve ocasión de asistir a la de la obra Oxygen, de Carl Djerassi y Roald Hoffmann, que tuvo lugar en el Museu Blau a raiz del año internacional de la química que fue el 2011. Una obra brillante, ágil, divertida. Discurre paralelamente entre el Estocolmo de 2001, cuando el comité Nobel de Química tendrá que decidir a quien otorga el "Premio Nobel Retrospectivo de Química" y de 1777, momento en que se reúnen los científicos C. Lavoisier, J. Priestley, P.B. Sheele y sus respectivas esposas convocados por el rey de Suecia para que expongan sus hallazgos sobre este importante gas. Una competición imaginaria pero que consigue mostrar la influencia, ocultada muchas veces por los cronistas, de las mujeres en los progresos científicos. Además de mostrar una pincelada de como deben ser las reuniones que deciden a quién otorgar los famosos premios suecos. Doble interés, doble acierto. No tengo constancia de que se represente proximamente. Una lástima.
En definitiva, es facil hacer el paralelismo de la ciencia como teatro, no entendido como farsa y mentira, sino como un drama que se desarrolla con un argumento que surge de la necesidad de entender y a través de unos actores, los científicos, que en definitiva trabajan para la satisfacción de un público, la sociedad, nosotros. Y cualquier estímulo que consiga despertar interés y fascinación por la ciencia y logre mostrar una imagen acertada de ella debe ser muy aplaudido, nunca mejor dicho. ¡Más teatro científico, por favor!
Nim nació en Oklahoma a principio de los años 70. Cuando contaba con sólo dos semanas de vida, fue arrancado de los brazos de su madre y fue llevado a vivir con una familia neoyorquina. Con ellos pasó cinco años y fue educado como un miembro más en una típica familia del Upper East Side. Es más, fue el centro de esa familia. No le faltó nunca nada y empezó a aprender el lenguaje de signos. Pero al cabo de ese tiempo, Nim empezó a mostrar signos de agresividad. Entonces volvió a ser llevado al lugar dónde había nacido. En Oklahoma, Nim fue incapaz de adapatarse a su nuevo hogar y fue llevado a otro centro de acogida. Al cabo de un tiempo, dicho centro fue clausurado por maltrato. Nim volvió a cambiar de hogar y fue a parar a un centro de acogida. Allí murió a los 27 años por un ataque al corazón. Nim era un chimpancé. Los chimpancés no son humanos. A Nim se le trató como a un humano y tuvo una vida triste. En nombre de la ciencia. La película "El proyecto Nim" cuenta su historia. La recomiendo encarecidamente.
Todo empezó cuando el profesor Herbert S. Terrace, que trabajaba en el departamento de psicología de la Universidad de Columbia, Nueva York, se planteó que los primates podrían enseñarnos cosas sobre la evolución del lenguaje. Planteó un experimento que consistiría en intentar enseñarle el lenguaje de signos a un chimpancé y ver si éste se podía comunicar con los humanos. El profesor Terrace se puso en marcha: buscó un chimpancé, buscó una familia para el chimpancé y buscó unos profesores de lenguaje de signos. Y así es como Nim, en los años 70, se convirtió en el chimpancé más famoso del mundo. También en el más desdichado.
Pero hubo un momento que el profesor Terrace tuvo bastantes datos para analizar y aludiendo a la creciente agresividad de Nim, decidió apartarlo de su familia de acogida neoyorquina y devolverlo a Oklahoma. Resultó imposible insertarlo de nuevo: Nim había pasado tanto tiempo viviendo como un humano, que no pudo volver a ser un chimpancé más. Empezó ahí el tortuoso peregrinaje de Nim en busca de un nuevo centro dónde pudiera vivir. Uno de esos centros era de experimentación animal. En nombre de la ciencia se han cometido y se cometen muchas atrocidades. Eso es algo que tiene en común con la religión, por mucho que nos pese. Y el maltrato de animales usados para experimentación es una de estas atrocidades.
Ya sabemos que Nim murió. Pero, ¿qué hay del experimento del profesor Terrace? Este concluyó que, a pesar que Nim había aprendido el lenguaje de signos y parecía poder comunicarse con sus maestros, no había evidencias para pensar que los chimpancés pudieran construir estructuras gramaticales como los humanos. Estos resultados fueron publicados en la revista Science. El profesor Terrace, además, escribió un libro y adquirió notoriedad mediática. Nim fue olvidado. Hasta que se ha hecho este documental sobre su tormentosa vida. Un relato duro pero necesario a partir del cual me vienen varias ideas a la cabeza: 1, la innecesaria humanización de los animales (los chimpancés y nosotros compartimos más del 95% de nuestro material genético, pero a pesar de ello, los chimpancés no tiene por qué vestirse ni ir a hacer sus necesidades al retrete); 2, la poca ética de aquellos experimentos científicos que hacen sufrir de manera innecesaria a los animales; 3, otras reflexiones que se os vengan a la cabeza cuando lo veáis.
Antes de acabar: en España hay granjas de cría de primates. Una de ellas está en Camarles (Tarragona), donde se crían macacos que se venden para experimentar con ellos. Así se refería Jane Goodal a los simios en su reciente visita al Cosmocaixa de Madrid: "Compartimos tantas cosas con ellos, un ADN y una estructura del cerebro
similar. Pero no somos capaces de ver que sufren, que tienen miedo, se
estresan y se deprimen igual que nosotros". Cierto Jane, pero aún así, no son humanos. Solamente necesitan que les tratemos como animales y respetemos que vivan como tal. ¿Cuántos Nims más habrán habido?
Esto de escribir es misterioso, o cuanto menos, curioso. Hay veces que tienes tantas cosas en la cabeza de las que te gustaría hablar, que no puedes ordenar las ideas o se van anulando entre ellas y se quedan en un rincón de tu mente aguardando un mejor momento para resurgir . Y acabas por no escribir sobre nada. Por el contrario, otras veces, aparece un pensamiento solitario como una luciérnaga aventurera en medio de un jardín apenas florecido de principios de marzo que te hace sentir la necesidad de hablar de ello sin ningún atisbo de duda. Y acabas escribiendo de un tirón. Pero es que, además, hay entre estos dos extremos otra situación que es la que se me ha presentado esta semana: cuando por esas casualidades que van encadenándose y dan lugar a lo cotidiano, se te presenta un mismo tema a través de diferentes canales. Y ya no es que sientas un deseo de escribir y contarlo, sino que es una necesidad por tu bien.
Todo empezó a principios de semana. En clase planteamos la pregunta "¿Por qué respiramos?". Entre los pocos alumnos que se atrevieron a contestar hubo consenso: "para vivir". De ahí no pasamos. Los dos docentes que estábamos en el aula intentamos exprimir al máximo esta respuesta, pero no hubo manera de avanzar. El timbre que anunciaba el final de clase interrumpió nuestro esfuerzo (el de los profesores, en los alumnos no aprecié dicha sensación). Estupefactos por esta vaguedad en la respuesta y esta falta de interés en razonar más allá de lo obvio, mi compañera y yo observamos que no es que los alumnos no nos hubieran dicho nada del intercambio de gases ni de la importancia del oxígeno, es que no mostraban el menor interés por saber la respuesta de por qué respiramos. Nuestra conclusión, que pecaba de generalista, fue: los adolescentes de hoy en día no tienen curiosidad por nada, ni por lo más cercano a ellos como puede ser el acto de respirar. Ciertamente, no es que ellos no supieran cual es la función de la respiración. Es que no se habían preguntado nunca por esa función. Y como muchos de ellos no se estuvieron de mostrarlo con resoplidos y caras de hastío, les estaba sin cuidado saberlo.
Al cabo de un par de días, un amigo me pasó por Facebook el link de un documental titulado "La educación prohibida". Justamente el leitmotiv de este documental es el análisis del funcionamiento de la escuela de hoy en día y propone maneras diferentes de plantear la educación, lo que recibe el nombre de educación prohibida. Es un análisis necesario, pensé al recordar lo que me había pasado en clase unos días antes. Hemos privado a nuestros alumnos de todo atisbo de curiosidad y asombro: son incapaces de hacerse preguntas, que es la verdadera manera aprender. Además, en las aulas se viene repitiendo una manera de enseñar surgida hace 200 años en el imperio prusiano, encaminada a formar ciudadanos obedientes y dóciles. En las aulas falta que los docentes prestemos más atención al contexto emocional de nuestros alumnos y pasemos del currículum, las programaciones y las calificaciones. No era la primera vez que me lo planteaba. Pero tenía tan reciente la falta de motivación de mis alumnos, que mi sentimiento de culpa, de estar haciendo mal las cosas, de participar de un modelo educativo que adoctrina y no educa, rozaba niveles nunca antes alcanzados. Era como estar metido en un agujero negro, de dónde, por supuesto, no tenía posibilidad de escapatoria. Estaba atrapado. Me sentía culpable e impotente. No soy un buen educador, me repetía una y otra vez a medida que me adentraba más y más atraído por la enorme fuerza de la antimateria.
Al llegar el fin de semana, mis pensamientos se diversificaron, y el sentimiento de culpa se había relajado. Para eso han inventado los fines de semana, ¿no? De lo contrario, la población llegaría al colapso y quién sabe lo que podría suceder tal y como está el panorama. El agujero negro no había sido más que un espejismo. Hasta que esta mañana de domingo he abierto El país semanal y allí estaba otra vez el tema: una crítica encubierta al actual modelo educativo en forma de artículo de psicología. En él se habla de la importancia del hemisferio derecho del cerebro, centralita de todo lo relacionado con lo emocional de nuestra personalidad, motor de nuestra creatividad, al que la escuela le debería dar más importancia y dejar de lado el protagonismo que, según el autor del artículo, se le ha dado a su antagonista hemisferio izquierdo, más lógico y cuadriculado.
A medida que he avanzado en la lectura del artículo, me he vuelto a situar al borde del agujero negro de hacía unos días. Pero de repente, click. Ha sido uno de esos clicks de lucidez que vienen propiciados por una copa de vino: hace ya unos seis años, cuando empecé en esto de ser docente, ya nos hablaban de las inteligencias múltiples. Los alumnos no son todos iguales, cada uno tiene unas capacidades y hay que arroparles y guiarles para que las desarrollen, evitando así que se frustren y abandonen (el gran drama de nuestro sistema educativo) la escuela. Hay que trabajar en grupos cooperativos. Hay que tener en cuenta la inteligencia emocional, trabajarla para que los alumnos la sepan dominar y aprovechar. Todo esto no era nuevo ni para mí ni para muchos docentes. De hecho Piaget y Montessori ya lo planteaban. De hecho algunas reformas educativas llevadas a cabo en la historia reciente de nuestro país ya lo habían intentado implantar, siempre claro dentro de unos márgenes permitidos por el capitalismo (sin demasiado éxito a tenor de los resultados PISA y compañía). Yo esto ya lo he intentado poner en práctica, me he dicho. Entonces, ¿qué ha pasado?
Pues que la realidad social (y no quiero caer en la banalidad de la expresión) es demasiado compleja para poner en práctica todas las maravillosas experiencias que relatan los pedagogos y educadores en el documental, y del psicólogo en el artículo del dominical. No es que los docentes no hagamos bien nuestro trabajo; al menos la mayoría lo intentamos: yo intento favorecer la curiosidad entre mis alumnos, motivar su autonomía, los trato con respeto y amor, atiendo sus necesidades emocionales, empatizo con ellos y me amoldo a su visión de las cosas, le quito importancia a los resultados académicos y me paso (a veces) por el forro las programaciones a pesar del temor a las inspecciones educativas. Pero sin dejar de lado que les estoy dando una educación para que puedan desarrollar una profesión cuando salgan de la escuela. No es que la mayoría de docentes no creamos que otra forma de educar sería más justa, más beneficiosa, mejor. Esto va a sonar infantil, pero es que no somos los únicos culpables. La estructura misma de esta sociedad post-industrial hace imposible que se lleven a cabo de manera generalizada este tipo de escuelas. Como bien dice uno de los entrevistados del documental, o varios de ellos en el fondo, la mejor escuela es la que no tiene paredes, la que se desarrolla en las plazas, en las calles, en los vecindarios. Está bien, pongámonos a ello. ¿Por dónde empezamos?
Es aquí donde el análisis me falla. ¿Para qué queremos educar? Para formar personas libres, que puedan elegir dedicarse a aquello que más les guste en la vida, y así ser felices. Pero esto no lo conseguirán hoy en día por mucha educación prohibida que pongamos en práctica. Mientras se sigan exigiendo títulos para trabajar de una determinadas profesiones que la sociedad actual requiere, las actuales escuelas serán necesarias. Si no, ¿para qué ir a la escuela? Si puedes aprender en otros ámbitos, no hacen falta escuelas de ningún tipo. Ni regladas ni libres. De echo, las libres existen por contraposición a las regladas. La dos pretenden formar a los ciudadanos para que desarrollen una determinada función en la sociedad pero utilizando métodos diferentes.
Según el documental, hace 200 años que se creó este sistema educativo mecanizado. Antes no había educación obligatoria y gratuita. Es cosa de los Estados modernos, para adoctrinar a sus ciudadanos, para asegurarse su obediencia. Tiene sentido, hasta que me he preguntado: ¿en qué condiciones vivía la población antes de aparecer estas escolarización obligatoria? ¿Es así como se pretende que vivamos ahora? ¿Qué modelo de sociedad queremos? ¿Cómo la educación puede ayudar a alcanzarlo? ¿Cuál es la tarea de los educadores en esta empresa? ¿Hay que cambiar primero la sociedad o antes hay que cambiar la manera de educar? ¿Qué fue antes: el huevo o la gallina?
Falacias a parte, me he imaginado que hace 200 años que multitud de educadores se van asomando, como yo he hecho esta semana, al agujero negro de la culpabilidad por su tarea. La autocrítica es necesaria, me he dicho a mí mismo rozando la trivialidad, pero sin pasarse. He cerrado El País Semanal y me he acabado la copa de vino. Mañana empiezo una nueva semana. Veremos sobre qué escribo.
Vivimos en un estado de alerta, de emergencia permanente. Pero nos hemos acostumbrado a ello. A fuerza de la hiperinformación a la que estamos sometidos, llegamos a confundir lo grave con lo anecdótico, y al revés. Sobresaturación informativa. La capacidad de la ciencia y la tecnología actuales han inundado de datos y estadísticas lo cotidiano. A los medios de comunicación les encanta nutrirse de ello. He aquí tres reflexiones sobre este hecho.
1. Este fin de semana leí en varios periódicos que la gripe había llegado a niveles de epidemia en varias Comunidades. ¿Y qué? Quiero decir, ¿ha habido la alarma que causó hace unos años la temida gripe A? Ya contesto yo: no. ¿Has modificado tus hábitos de vida por ello? Ya me imagino que no. ¿Te asustó más la epidemia de gripe A que esta epidemia de gripe "normal"? Me imagino que sí. También me imagino a qué puede ser esto debido. Si eres de leer los periódicos, ver el telediario, consultar blogs,... informarse, vamos, seguramente te preocupó aquella vez. Y no ésta. ¿Ha habido algún invierno que la gripe no ha alcanzado niveles de epidemia? Y, ¿qué significa realmente alcanzar niveles de epidemia?
2. Puede que tu lo sepas, qué es una epidemia o una pandemia. Es cultura general, pensarás. No seas tan optimista. Mis alumnos, que rondarán los dieciocho años, no tenían ni idea de que significaba que la obesidad alcanza ya niveles de pandemia. La cultura general es hoy en día un mito. En fin, a lo que íbamos: la palabra epidemia y pandemia, asusta. Y no es más que un dato. Una estadística. Porqué al final, no somos más que números en unos registros. Así que si no se explica bien su significado cuando se utiliza en los medios de comunicación, pierde el sentido a la larga y la gente no sabe qué significa que la gripe ha alcanzado niveles de epidemia este fin de semana. También se pueden encontrar casos como el de un amigo que también es profesor y me contó que recientemente una profesora sembró la alarma en su instituto por propagar a los cuatro vientos que una alumna debería irse a su casa porqué tenía malaria. Se estigmatizó a la alumna (suerte que no se propagó demasiado y hubo un efectivo de compañeros que hicieron de cortafuegos) y cundió la alarma entre parte del alumnado. Yo esto lo achacaría al desinterés informativo. La malaria ha sido objeto de notícias, reportajes y documentales: en Documentos TV, Informe Semanal, 30 minuts, 60 minuts y no se dónde más ha aparecido seguro. Hubo una época en la que Patarroyo estaba hasta en la sopa. La profesora y los alumnos seguramente han visto u oído algo relacionado con esta enfermedad. Y si no, esto confirma que el sentido común también es un mito: si la alumna está en clase, será porqué tiene el alta médica. El caso es que una sobresaturación informativa causa desinterés.
3. Si no, no me digáis que no resulta cansina la cantidad de veces que estamos en alertas y pre-alertas por lluvia, viento y bajas temperaturas. ¿Cuántos temporales pasan por nuestro territorio a lo largo del invierno? La física genera los datos y las estadísticas meteorológicas hacen que los espacios de información del tiempo sean más entretenidos. Sin duda. Pero, ¿cuándo me tengo que asustar? ¿En qué temporales de todos tengo que preocuparme de verdad y comprar provisiones y no salir de casa? A fuerza de informarnos tanto, nos saturamos. Datos y más datos. Así es que después, pasan desgracias como las del terremoto del Aquila y ¿a quién le van a echar las culpas? A los científicos, obviamente, por no predecir el terremoto. Claro, la gente acaba pensando que todos los fenómenos naturales son como las epidemias o los temporales de invierno.
La publicidad ha traspasado su función, que es la de estar al servicio de un producto para conseguir venderlo, y se ha convertido ella misma en un objeto, casi casi en otro género artístico como pueden ser el cine, la música o las artes artes plásticas. Y de vez en cuando, aparecen campañas que formaran parte de la cultura popular. Claro, no siempre es así. Son casos especiales, en el sentido más amplio de la palabra. Me viene a la memoria el "amo a Laura", "la chispa de la vida" o más recientemente el payaso Alfonso Aragón cayendo en la sensiblería más cursi. Por diferentes motivos, estos anuncios han dejado en nostros una canción, una frase, una imagen que trascenderá más allá del producto y permanecerá en nuestro imaginario colectivo. El producto que anunciaban no se recordará, o tal vez sí, pero han sido campañas que han dado que hablar, que han sido comentadas entre los amigos, en el trabajo, en el colegio, que se han hecho chistes, parodias, frases hechas a partir de ellas. En Cataluña estamos asistiendo a la última de estas campañas: "Envàs on vas?". Pero esta campaña, a parte de ser omnipresente (hashtag en el Twitter, muros de los amigos de Facebook, el "Keep calm and envas on vas", tarareada por la calle, incluso en el Spotify se te aprece entre canción y canción, antes de los trailers en el cine, y en la tele y la radio, por supuesto) ha servido la polémica y ha devuelto el reciclaje al centro del debate político. Los publicistas pueden estar por satisfechos con su trabajo por el alcance que ha tenido. En cambio, las empresas que los contrataron deben estar pensando dónde se han metido.
La campaña está promovida por la Generalitat de Cataluña, con el apoyo de Ecoembes y Ecovidrio. Estas dos empresas son las encargadas de sufragar la recogida y reciclaje de los envases y del vidrio, respectivamente: pagan una cantidad determinada por cada tonelada de envases o vidrio que se recicla. Y las marcas que comercializan sus productos en envases de plástico o vidrio pagan una cantidad a estas dos empresas, que a su vez distinguen a los envases de dichas marcas con un punto verde, un símbolo con dos flechas entrelazadas. Por tanto, si se depositan en el contenedor amarillo objetos que no están marcados con el punto verde pero si que son de plástico, estos se deben reciclar con un coste extra para Ecoembes, ya que ella no ha cobrado por reciclar objetos que no tienen punto verde. Lo mismo con el vidrio y los objetos lanzados al contenedor verde. Solución: hacer una campaña para recordar a los obedientes ciudadanos que no deben lanzar aquellos objetos que no tienen el punto verde. Y aquí la tenemos. Financiada, no sabemos en qué proporción, con dinero público.
Y es que con su canción pegadiza, con su trío de mujeres a lo virtudes pero en catalán bailando con envases en las manos, su estética retro-reciclada, la campaña estaba destinada a lo que ya se ha comentado antes: a quedarse para siempre. De hecho puede hacerlo, pero por la polémica que ha suscitado. ¿Por qué se tienen que reciclar solo los envases y no se pueden reciclar otros objetos de plástico? ¿Por qué en el contenedor verde sólo podemos lanzar botellas de vidrio o otros envases de vidrio y no bombillas o vasos? Un vaso de Nocilla, ¿ es un vaso o lo podemos reciclar en el contenedor verde? ¿Es mejor reciclar o reutilizar? Muchos ciudadanos aquí en Cataluña se están haciendo estas preguntas. Y no es para menos.
Hay expertos que recuerdan que los objetos a reciclar, a pesar de que se llamen indistintamente plástico o vidrio, no son iguales, no tienen la misma composición química. El vidrio, por ejemplo: dependiendo de su composición se fundirá a una temperatura u otra, y esto depende de la cantidad de componentes que lleven, como el óxido de plomo. Estos componentes, además, pueden resultar muy tóxicos y por tanto no sería recomendable que se utlizasen para hacer botellas de vidrio para el consumo humano. Sería el caso de los cristales de las ventanas, que a pesar de ser vidrio, no podrían ir al contenedor verde por su alto contenido en estos componentes tóxicos.
Des de la Agencia de Residuos de Cataluña se recuerda que la campaña pretende sensibilizar a la ciudadanía para que recicle. En parte es cierto. Pero no se explica bien por qué unos objetos sí y otros no. O por qué unos objetos se aprovechan mejor si van a una desechería. Varios grupos ecologistas, de consumidores y políticos han pedido la retirada de la campaña por confusa. Y han pedido que se debata realmente el modelo que se quiere para conseguir una recogida lo más eficiente posible de la basura y para generar el menor número posible de toneladas de desechos.
Esto es lo interesante de la campaña: que surge la oportunidad de plantearse si no sería mejor adoptar un sistema de reutilizar envases como el alemán, por ejemplo. O por el contrario, sólo se pretende hacer el paripé con el reciclaje y hacer de ello un negocio más, olvidando que somos uno de los países de Europa que más residuos generamos. Y para exigir transparencia en todo lo que concierne al reciclaje. Se nos exige que separemos para reciclar mejor, pero disponemos de poca información de a dónde van a parar los residuos o cómo son aprovechados.
The Master es, sin duda alguna, una Gran película. Aunque está ambientada en los años cincuenta, allá por cuando ya había acabado la Gran Guerra y para cuando los Estados Unidos se preparaban para su Gran Recuperación, la película resulta muy actual, muy contemporánea. Ahí reside su grandeza: traspasar lo local y anecdótico para reflejar lo universal.
Y es que The Master, al relatar el inicio de una nueva religión llamada Cienciología que después ha resultado ser tan famosa gracias a que parte de sus más destacados miembros pertenecen a otro famoso club afincado en Los Angeles, habla de una constante que se ha reproducido y se puede seguir reproduciendo por siempre jamás: ciencia versus religión. O viceversa. Qué más da. Como dos caras de la misma moneda, el enfrentamiento se repite, se perpetua, se arrastra por el devenir de la historia, que al fin y al cabo, somos nosotros, es el ahora.
Con una elegante puesta en escena y una gran dirección de actores, Paul Thomas Anderson ha hecho una película que me ha estremecido. No sólo la historia del desgraciado Fredd es, creo, capaz de entristecer al más gélido de los corazones: su difícil y seguramente traumática infancia, su juventud marcada por su misión de aniquilar japoneses, su amor verdadero que es una sufrida historia de amor, sus adicciones, su violencia como única manera de relación, su débil carácter, su infortunada búsqueda de su sitio en la Nación vencedora. Fredd es la carnaza de la Causa, la nueva religión o secta, igual da, o como le gusta llamarla a su creador Lancaster Dodd (personaje inspirado en L. Ron Hubbard) el método con el que alcanzar la curación; la curación de Fredd y otros pobres infelices en la película.
Pero el estremecimiento del que hablaba no ese por la historia de engaño, de manipulación, de abuso, de maquiavelismo de un personaje dominante sobre otro más débil. El miedo, el horror, el temblor viene al pensar que el mundo está y ha estado lleno de parlanchines como Lancaster Dodd, individuos con una gran verborrea y grandes dotes embaucatorias, capaces de congregar a multitud de seguidores, engañarlos con sus argumentos pseudo-científicos y hacerles creer en viajes en el tiempo como ocurre en la película, o en viajes astrales, o en diferentes formas de más allá, en vidas paralelas o en reencarnaciones, en hacerles creer que vivimos en unos cuerpos prestados, que no tenemos capacidad de decisión sobre ellos, que todo ocurre por voluntad de quién sabe qué otros seres superiores o de alienígenas que nos visitan periódicamente e incluso de los alineamientos planetarios y milagros imprevisibles.
Y aún me aterra más pensar que estamos desamparados ante ellos. Recuerdo una escena de la película en la que que Lancaster está aplicando su método con Fredd, y eso es en sí un espectáculo: hay gente alrededor observando, con pose serio, viendo como se ultraja y humilla a Fredd. Pero como es en nombre de la Causa, es lo correcto. Eso es lo que me da pavor: lo facil que nos podemos dejar engañar, que nos pueden manipular.
Hay quién verá en the Master sólo referencia a las sectas entendidas como grupos no reconocidos por las grandes religiones actuales y con facilidad para el autoaniquilamiento, como grupos raros, aislados y anecdóticos. Yo veo en The Master como se fragua una religión, como nace de cero una creencia sin ningún fundamento empírico, sin otra intención que el enriquecimiento y la utilización de la gente para una causa particular, sin ningún beneficio para el bien común. Cómo esta se puede llegar a extender entre personas con una cierta formación educativa. Cómo sus líderes son incapaces de argumentar con datos ciertos y fehacientes sus mentiras y estallan en ira y rabia contra aquellos que les buscan las cosquillas y consiguen dejarlos en evidencia. Cómo esos mismos líderes espirituales, en apariencia comprensivos y benevolentes, sólo inventan, especulan, divagan, improvisan, manipula, parlotean para conseguir trepar, alcanzar la cima de la fama o la riqueza o ambas. Y cómo consiguen perdurar por los siglos de los siglos.
Frente a eso, sólo tenemos un recurso: más cultura científica. Pensemos en la cantidad de gente que aún lee los horóscopos, la cantidad de canales con echadores de cartas que hay, con los pseudo-coaches que afloran como setas y escriben libros con los que rellenan las secciones de otras creencias de las librerías. Pensemos como esas creencias pueden llegar a influir en decisiones políticas que nos afectan a todos, a gobernar nuestro día a día. Y eso en una sociedad, la occidental me refiero, que ha alcanzado los niveles educativos más altos y generalizados de la historia, con unas tasas de analfabetismo bajísimas y con una capacidad grandísima para informarse. Y aún así, existen exitosos Lancaster Dodds a doquier. ¿Da o no da miedo?
Estamos en el periodo más consumista del año. Escaparse de las compras es difícil. Reconozcámoslo y afrontémoslo de una manera provechosa. ¿Por qué no despertamos vocaciones científicas gracias a los Reyes Magos, Papá Noel o el Tió? A continuación tenéis algunas sugerencias. Aviso: es inevitable citar marcas y tiendas. No hay detrás de ello ningún fin comercial. Esta selección ha sido fruto de un entretenido trabajo de campo, que ha consistido en visitar algunas tiendas del centro de Barcelona (Tiger, Imaginarium, Muji, Abracadabra, Joguines Foye).
Empezaré con tres juguetes que me han llamado la atención para poder fascinarnos des de pequeños con el cosmos. Uno es el telescopio ESA-Imaginarium que consta de lentes y trípode (Imaginarium, a partir de 6 años, 24,95 euros). Si Galileo levantara la cabeza y viera que los niños ya saben manejar un telescopio... En esta misma tienda hay toda una línea de juguetes bastante sofisticados relacionados con la astronomía con la marca ESA (Agencia Espacial Europea). De entre ellos he elegido el telescopio por ser un clásico que seguro más de uno hemos querido que nos regalasen alguna vez por estas fechas
Entre ellos está el también clásico planisferio, que se puede econtrar en Tiger también. Aquí, más económico y redondo, con forma de globo terráqueo, y no tan fiable como el de la ESA. Aún así, original y sin faltarle ninguna constelación. Para acabar la temática astronómica, recomiendo un precioso Sistema Solar de madera (Muji, 25 euros).
A aquellos que les gustan los seres vivos, tienen una infinidad de posibles regalos. Des de las típicas bote-lupas (en Imaginarium por 7,95 y en Tiger por 3 euros) que permitirán cazar algun que otro insecto y verlo ampliado,
hasta un safari de animales de cartón para montar (en Muji, 7 euros) o un conejo luminoso que recuerda mucho a Alba, el conejo fluorescente creado por Eduardo Kac (en Tiger, 2 euros). Un buen motivo para explicar cómo puede ser que los conejos sean fluorescentes.
A parte, se pueden encontrar mil modelos de figuras de animales. Pero quiero recomendar una forma, a pesar de no ser juguetes, de acercarse a los animales que a mi siempre me ha encantado, que son los libros pop-up. La editorial SM tiene 2 que son, para mi gusto, preciosos: Animales y Pájaros, ambos de Franceso Pittau i Bernadette Gervais. Son dos libros de gran formato y de dibujos maravillosos. Para descubrir la belleza de los animales (Abracadabra, 24,60 euros).
Quien prefiera las plantas tiene varias opciones para crearse su propio invernadero: el clásico de madera y paredes de plástico para botánicos precoces (en Imaginarium, de 4 a 6 años, 9,95 euros) o uno más sofisticado de plantas carnivoras (CefaToys, en Joguines Foye, a partir de 10 años, 25,95 euros). A proposito, esta marca de juguetes tiene toda una gama dedicada a juguetes científicos, para crear hábitats marinos, volcanes o cristales.
Precisamente el Cristalcefa o el Volcanocefa serían una opción para fomentar el interés por la geología, pero destacaré otro juguete más pequeño y curioso : el kit de excavación fósil, que consta de un pequeño rectángulo de plastelina, una espátula de madera y un pincel. Para empezar a explicar la teoría de la evolución. No sé si Richard Dawkins conocerá su existencia, pero estoy seguro que le encantaría (en Tiger, 2 euros).
Otra sugerencia, esta para aquellos que pretendan regalar un juguete sobre el cuerpo humano, y a pesar que existen multitud de modelos, me quedo con el puzzle humano de madera (Muji, 15 euros)
Si lo que se pretende es contentar a las criaturas más mañosas, hay infinidad de mecanos para construir aviones o helicópteros (Tiger, 3 euros, a partir de 3 años) o robots (en Abracadabra, a partir de 3 años, 15 euros). Para explicar un poco de física en el momento del baño hay dos pequeñas maravillas que he encontrado: la Tub Fountain (en Imaginarium, a partir de 12 meses, 29,95 euros) y el barco balón (en Tiger, a partir de 8 años). Dos maneras de empezar a entender la acción-reacción, el porqué flotan algunos objetos y el principio de Arquímedes. Casi nada.
- Acabaré esta selección de juguetes con los que tienen que ver con las matemáticas: me han gustado mucho los tangrams de madera (en Abracadabra, a partir de 3 años, 6,50 euros). Colores y formas diferentes. Entretenimiento asegurado a la vez que se descubren formas geométricas y se desarrolla la capacidad de visión espacial. Otros juguetes que me fascinan, a pesar de ser un auténtico desastre con ellos, son los origamis. En Muji hay para hacer pájaros o figuras navideñas (6,50 euros).
La lista podría continuar e incluso haber sido más amplia. Podría haber rastreado en otras tiendas. Pero es una selección muy personal que espero os haya podido dar ideas para vuestros regalos. Advertencia: regalarlos no garantiza que los niños sean después científicos, pero si que fomentará en ellos la curiosidad, las ganas por aprender, y el saber compartir. Aspectos fundamentales en el desarrollo de cualquier personalidad, científica o no.